Este soy yo
Comencemos con una confesión. Mi nombre completo es Javier Ignacio Albenca Hidalgo, pero, ¿por qué Nacho Hidalgo, verdad? Es una historia sencilla, de las que a uno lo definen. Durante años, en el cole, el instituto y en los diferentes trabajos, siempre fui “el Albenca”. Era un apellido poco común que me acompañó desde niño, y que, en cierta forma, me marcaba. Un eco, casi siempre, del lado paterno.
Al pensar en el nombre que llevarían mis textos, quise que mi madre también estuviera. La idea de que Ignacio fuese mi segundo nombre fue suya, y decidí unir ese gesto a mi segundo apellido. Así nació “Nacho Hidalgo”. Papá y mamá, un tándem inquebrantable, un equilibrio silencioso que me ha dado fuerza, y este nombre es, en cierto modo, un reflejo de esa historia familiar que me acompaña en cada paso.


Experiencias y recorrido vital
Nací en Triana, un barrio de Sevilla .Y con 50 años de historia a mis espaldas, aquí sigo, aprendiendo cada día de lo que la vida ofrece. He sido, y sigo siendo, un trotamundos. No de viajes largos necesariamente, sino de experiencias. Me he dedicado casi toda mi vida al arte en múltiples vertientes: la escultura, el dorado de obras religiosas, incluso el tatuaje. Cada una de estas disciplinas me enseñó algo distinto sobre la expresión humana, sobre la belleza y la imperfección.
Curiosamente, el mundo del arte se mezcló, durante cuatro intensos años, con el sector funerario. Un universo que te obliga, de golpe, a entender la profundidad de la vida y la importancia de cada instante. Es una experiencia que te cambia, que te marca. Todas estas vivencias, tan diversas y a veces contradictorias, han construido el mosaico personal que ahora, siento, debo compartir.
Escritura y curiosidad humana
Escribir siempre fue una constante silenciosa. Esas reflexiones, historias, pensamientos dispersos… todo acumulado en un baúl interior que ahora, a esta edad, siento que debe abrirse. Dar luz a esas palabras es un acto de libertad, una forma de entender la psicología de lo que somos, ese poder que tiene una palabra o una mirada para transformar emociones, percepciones y, al final, nuestra vida.
Me interesa la curiosidad humana, lo admito. Observar a los demás, y observarme a mí mismo, es un hábito que me ha acompañado siempre.


Reflexionar y compartir
¿Por qué actuamos como actuamos? ¿Qué nos impulsa a tomar ciertas decisiones, a repetir errores, a quedarnos en silencio? No siempre tengo todas las respuestas, pero he aprendido que las mejores preguntas nos guían hacia un entendimiento más profundo.
Por eso, escribir no es un intento de tener razón, ni de enseñar, sino de compartir. Cada palabra que pongo sobre el papel es un gesto de conexión, un intento honesto de acercar mi mundo interior al de otros. Porque todos, de una manera u otra, buscamos entendernos, sanar nuestras heridas y encontrar nuestro lugar en este vasto mundo. Esta web, mis textos y mis historias son, en esencia, una invitación a ese viaje. Un susurro que te invita a mirar un poco más allá de lo evidente.
